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ADN Institut centro de genética

¿Cómo saber si soy intolerante a la lactosa?

21-09-2020
¿Cómo saber si soy intolerante a la lactosa?

¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

La intolerancia a la lactosa es una condición por la que el organismo presenta una malabsorción de la lactosa, un azúcar presente en la leche de diferentes mamíferos y, en mayor o menor medida, en la mayoría de derivados lácteos como el yogur, el queso o la mantequilla, entre otros. La enzima responsable de la degradación de la lactosa en dos azúcares más simples, glucosa y galactosa, es la lactasa. Es por ello que esta condición también se conoce con el nombre de no persistencia de la actividad lactasa o hipolactasia primaria y se caracteriza por una progresiva disminución en la producción de esta enzima en las células intestinales tras el periodo de lactancia. La baja actividad de esta enzima tiene como consecuencia una malabsorción de la lactosa, ya que ésta no se degrada durante su paso por el intestino delgado y llega al colon o intestino grueso. Es en este órgano donde las bacterias presentes interactúan con la lactosa causando los principales síntomas que manifiestan los afectados por esta condición como: dolor abdominal, distensión, diarrea o incluso vómitos.


Intolerancia a la lactosa, ¿enfermedad o condición genética frecuente?

Alrededor del 70% de la población mundial presenta diferentes grados de malabsorción de la lactosa, es por eso que muchos profesionales sanitarios no la consideran una enfermedad. De hecho, de manera natural la enzima lactasa va disminuyendo progresivamente su actividad en el intestino tras el periodo de lactancia. El inicio de esta disminución es muy variable y puede manifestarse a partir del primer año de vida hasta la adolescencia. Por otra parte, el 30% restante de la población mundial presentan variantes genéticas o mutaciones específicas en su ADN que permiten que el gen encargado de sintetizar la lactasa, el gen LCT, mantenga su actividad a lo largo de toda la vida. De este modo, y a diferencia de la mayoría de enfermedades genéticas, el individuo que presenta una mutación en estos casos no está afectado por la condición estudiada y se le considera tolerante a la lactosa.

Origen de la tolerancia a la lactosa

La prevalencia de las variantes genéticas que causan la intolerancia a la lactosa difiere mucho en función de la situación geográfica o etnia en la que nos fijamos. Por ejemplo, varios países del norte y centro de Europa presentan una frecuencia mucho más elevada de individuos tolerantes a la lactosa comparado con la población mundial. La teoría más extendida que explica este hecho sitúa la aparición de estas variantes hace 7.500 años. Posteriormente, estas mutaciones se extendieron debido a la mayor ventaja selectiva que conferían en poblaciones donde la explotación de la ganadería resultó en una dieta basada en leche y derivados lácteos. De esta manera tan simple, los individuos que presentaban estas variantes, y sus descendientes, podrían alimentarse y sobrevivir mejor, y a lo largo de los años terminaron siendo la población mayoritaria. Contrariamente, la gran mayoría de la población de varios países del sudeste asiático, dónde la ingesta de leche nunca ha formado parte de la base de la dieta, manifiesta intolerancia a la lactosa.

¿Cómo se diagnostica la intolerancia a la lactosa?

Cuando existe la sospecha de que un individuo es intolerante a la lactosa se pueden hacer varias pruebas para diagnosticar la condición. Una de las más usadas actualmente es el test del aliento o del hidrógeno espirado. En esta prueba primero se administra al paciente, por vía oral, un compuesto de lactosa y posteriormente el profesional sanitario cuantifica, varias veces y en tiempos diferentes, los niveles de hidrógeno que espira a partir del aire exhalado. Este hidrógeno proviene del metabolismo de las bacterias del intestino grueso cuando interactúan con la lactosa que no ha sido digerida en el intestino delgado. A pesar de ser una prueba ampliamente usada por su simplicidad y rapidez presenta ciertas desventajas. Más allá del mal rato, en términos digestivos, que pasa el paciente si realmente es intolerante a la lactosa, la principal limitación de la técnica es la detección de falsos positivos, es decir, el test detecta la enfermedad cuando ésta no existe. En estos casos, los individuos testados pueden presentar una hipolactasia secundaria, es decir, una intolerancia a la lactosa transitoria debida al deterioro de las vellosidades del intestino delgado causada por otros tipos de afecciones como pueden ser otras intolerancias alimentarias o enfermedades digestivas inflamatorias. Es sólo mediante otras pruebas, como el test genético, que se puede discernir entre ambas afectaciones, hipolactasia primaria y secundaria.

Desde ADN Institut ofrecemos un test genético para diagnosticar la intolerancia a la lactosa o no persistencia de la actividad lactasa. Mediante esta prueba rápida, sencilla, indolora y que se realiza a partir de una muestra de sangre o de saliva se analizan las dos variantes genéticas más comunes, especialmente en poblaciones europeas, relacionadas con la persistencia de la actividad lactasa. Estas dos variantes se localizan en el cromosoma 2, cerca del gen LCT, el cual codifica para la enzima lactasa. Los resultados se entregarán en 10 días mediante un informe que básicamente diferenciará entre individuos:

- Persistentes de la actividad lactasa: el individuo testado presenta las variantes genéticas correspondientes a la tolerancia a la lactosa.

- No persistentes de la actividad lactasa: el individuo testado no presenta las variantes correspondientes a la tolerancia a la lactosa, con lo que manifestará malabsorción de la lactosa en mayor o menor grado.


¿Cuál es el tratamiento para la intolerancia a la lactosa?

El tratamiento a seguir más adecuado para un individuo intolerante a la lactosa es la eliminación de este azúcar en la dieta. Sin embargo, existen diferentes grados de intolerancia con lo que una simple reducción de la ingesta de este azúcar podría ser suficiente. Mientras que hay individuos que sólo manifiestan síntomas cuando beben un vaso de leche, otros ya se pueden ver afectados con tan sólo un trozo de queso. Esta variabilidad en la manifestación de los síntomas hace que sea el mismo individuo afectado el que debe valorar qué alimentos puede ingerir y cuáles no. Varios estudios apuntan que un individuo intolerante puede ingerir hasta 12 gramos de lactosa repartidos durante todo el día, siempre acompañados de otros tipos de alimentos, y no manifestar ningún tipo de síntoma. Hay que enfatizar en este punto la importancia de discernir previamente entre hipolactasia primaria o secundaria, ya que de ello dependerá si la retirada o reducción de la lactosa en la dieta debe ser definitiva o temporal, respectivamente.


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